La flor negra. El encierro.


en mi propia casa, Santiago, chile

La distancia y la aislación social en tiempos de pandemia
Janet Toro, abril 2020

La distancia entre nosotros es la caricia paralizada, la calidez y los afectos desterrados a una zona calificada peligrosa. Estados de excepción abusivos, cuarentenas, toques de queda son el paisaje urbano, veo calles despobladas, rejas, ventanas cerradas, candados, puertas herméticas...Deviene el olfato contenido, las manos plastificadas y lavadas hasta la exceso, los acercamientos y la sexualidad patologizados en su inmediatez y sus secreciones. La asepsia celebrada como el reino de los cielos, en la tierra prometida del capital.

La distancia entre nosotros es el gesto esterilizado, la máscara acrílica, la expresión recelosa que repara mucho más en el contagio, que en la bella energía de un abrazo y en el vigor inesperado de un beso... El alejamiento emocional es la boca tapada, los labios higienizados, las palabras deformadas a través de las mascarillas. Se insiste en un lenguaje redundantemente viral, que confina al olvido las otras problemáticas urgentes.

La distancia y el aislamiento social son el Super-Control desinfectante y militarizante, que está proyectado en las retinas, porque hace rato invadió las mentes y los espíritus. La distancia social es la jerarquía perfecta entre los vigilados y los vigiladores, bajo el poder de la biopolítica y el acecho digital, con drones, con globos aerostáticos, con cámaras, con aplicaciones de reconocimientos faciales, etc

La aislación social es la negación de los derechos fundamentales en el cementerio de la necropolítica* y la psicosis colectiva frente a una pandemia, que es mucho menos letal que las injusticias sociales, los efectos de la avaricia y el poder corrupto en el mundo entero. Los despojados, los vulnerables, los que hace décadas viven en la precariedad, son exterminados lentamente, en el paredón del menosprecio y del cálculo.

La distancia y la aislación social son la antesala de la neocolonización en el dominio de la Hiper-telerealidad explayada en las redes sociales, en transmisiones online de información incesante, un intercambio de complacencias personales, egos y eventos diversos, finalmente una comunicación digital sucedánea, ahora "imprescindible", pero insuficiente. El vacío atraviesa esos códigos matemáticos, la frialdad sigue su ruta hacia los cuerpos, que se desdibujan en la careta limítrofe virtual...En el vaivén de los cientos de mensajes, nos volvemos irremediablemente texto!

La distancia es el miedo que infunde la propaganda autoritaria con el fin de disciplinar a los cuerpos y dirigirlos a una realidad normada, al metro cuadrado restringido de roles bien estructurados, a la medida de un modelo patriarcal y nocivo que decide por nosotras, nosotros, nosotres. Un modelo que delimita arbitrariamente el espacio público y todas sus manifestaciones fundamentales. Un modelo que no nos deja respirar un aire limpio, ni nos deja beber agua pura, que privatiza todo a su alcance, socavando al ecosistema, asfixiando las posibilidades de tener una vida digna y diversa, en todos sus ámbitos.

La aislación social es el horror frente a la muerte, difundido de forma delirante por los medios de comunicación, una prensa embelesada en lo infeccioso, que omite las inagotables gradaciones de la vida y la maravillosa capacidad de sanación que poseemos. El asunto es desde qué lugar hablamos y dónde situamos el acento, no puede quedarse solo en el contagio, el encierro y los cadáveres!!! Memento Vivere, acuérdate de vivir...acuérdate de cruzar tus propios límites.

La distancia entre nosotros es cómo nos relacionamos con un virus mutante, con una enfermedad posible, con la muerte latente. La respuesta no está en los grandes consorcios farmacológicos como los redentores del planeta.

La aislación social es la propaganda paranoica, es la regulación y el manejo oportunista de los territorios corporales, es la abrupta separación forzada, el exilio doméstico de los sentimientos, en la gran prisión global contemporánea. La distancia entre nosotros es el dolor negado, es la oclusión del corazón, porque sus cadencias no tienen cabida en un modelo mercantil donde el lucro como cúspide y como práctica, excluye la asombrosa inteligencia de la bondad.

Oscilan en el limbo las nostalgias de los cuerpos, de los afectos.

*Biopolítica: concepto desarrollado por el filósofo Michel Foucault
*Necropolítica: término propuesto por el historiador y filósofo camerunés Achilles Mbembe

Fotodocumentación: Marucela Ramírez
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